El auge del mercaurante: cómo cambia el hilo musical cuando el supermercado también se convierte en restaurante
¿Supermercado o restaurante?
Cada vez resulta más difícil responder.
La expansión de la comida preparada, los platos listos para consumir y las zonas con mesas está transformando algunos establecimientos alimentarios en espacios híbridos donde comprar y comer forman parte de una misma experiencia.
Este modelo tiene incluso un nombre: mercaurante.
Y no se trata de una ocurrencia terminológica. En mayo de 2026, FundéuRAE reconoció mercaurante como una palabra correctamente formada a partir de supermercado y restaurante y señaló que designa precisamente al supermercado que ofrece una propuesta similar a la restauración, normalmente mediante platos preparados y espacios con mesas y sillas para consumirlos.
El concepto resume una de las transformaciones más interesantes que está viviendo actualmente la alimentación.
Porque cuando un supermercado deja de ser únicamente un lugar donde comprar productos y empieza a convertirse también en un lugar donde desayunar, almorzar, hacer una pausa o resolver la cena, sus necesidades ambientales cambian. Y con ellas, su hilo musical.
De la cesta de la compra a la cuota de estómago
La evolución del mercaurante tiene detrás un cambio más profundo en el comportamiento del consumidor.
NIQ describe el mercado alimentario español de 2026 como un escenario caracterizado por más visitas, cestas más pequeñas y una demanda crecientemente polarizada entre salud, conveniencia e indulgencia. Los platos preparados y las soluciones listas para consumir ganan protagonismo porque encajan con una vida en la que el tiempo disponible para cocinar es menor y cada ocasión de consumo requiere una respuesta diferente.
AECOC introduce un concepto especialmente relevante para entender esta transformación: la cuota de estómago.
Según la organización, la búsqueda de conveniencia está haciendo que las fronteras entre retail y foodservice se diluyan y que la competencia empiece a producirse por momentos de consumo y no únicamente por canales. Y esto cambia por completo la perspectiva.
Tradicionalmente, un supermercado competía principalmente con otros supermercados. Ahora, en determinados momentos, también compite con una cafetería. Con un restaurante. Con un establecimiento de comida rápida. Con una panadería que ofrece consumo en local. Incluso con el delivery. O, en definitiva, con cualquier otra solución capaz de responder a una pregunta muy sencilla:
¿Qué como ahora?
Y es que a un servidor le ha pasado que al preguntar a una amiga qué planes tenía, ella me respondió que «había quedado para comer en Mercadona».
La comida preparada deja de ser una categoría secundaria
Los datos ayudan a dimensionar el fenómeno. Según NIQ, los platos preparados y puntos calientes de los supermercados españoles han alcanzado unas ventas de 3.750 millones de euros, con un crecimiento del 11 % respecto al año anterior.
El 82 % de los hogares españoles compra ya comida preparada y cuatro de cada diez recurren a ella más de una vez al mes. NIQ afirma directamente que el supermercado se está consolidando como una opción clara de restauración.
Kantar, en datos recogidos por EFEAgro, identificaba ya en 2025 un crecimiento del 48 % de los platos listos para comer en dos años y señalaba que alrededor de ocho millones de consumidores recurrían a estas soluciones. Además, el 20 % de esas ocasiones de consumo se producía fuera del hogar.
Por tanto, el cambio no consiste únicamente en vender más lasañas, tortillas o ensaladas refrigeradas.
El cambio aparece cuando el supermercado comienza a resolver momentos que antes pertenecían fundamentalmente a la restauración.
Mercadona y Listo para Comer: el ejemplo más visible
En España, Mercadona es probablemente el ejemplo más reconocible de esta evolución.
La compañía puso en marcha Listo para Comer en 2018. Al cierre de 2024, la sección estaba presente en 1.200 supermercados españoles y en todos sus establecimientos portugueses, según datos facilitados por la propia compañía a EFE.
Pero el aspecto realmente interesante desde el punto de vista del mercaurante no es simplemente que Mercadona venda comida preparada. Es que algunos establecimientos permiten consumirla allí mismo. Mesas, sillas, microondas y zonas habilitadas para comer modifican la función tradicional del supermercado.
La cuestión ha llegado incluso al terreno regulatorio. En junio de 2026, el Gremio de Restauración de Barcelona denunció a una treintena de establecimientos de Mercadona con zonas de degustación, al considerar que este modelo entraba en competencia con la restauración tradicional. Más allá de la controversia jurídica, el conflicto evidencia hasta qué punto la frontera entre comercio alimentario y restauración se ha vuelto difícil de delimitar.
Mercadona no es, sin embargo, un caso aislado.
Alcampo: el supermercado incorpora su propio bistró
Alcampo lleva años desarrollando espacios de comida preparada y cuenta con bistrós en 17 establecimientos, según información facilitada por la compañía a EFEAgro. En función del centro, su oferta puede alcanzar unos 200 platos diferentes.
Su remodelación del hipermercado La Vega de Alcobendas muestra además hacia dónde está evolucionando el concepto.
Tras una inversión de 9,5 millones de euros, Alcampo inauguró en noviembre de 2025 un nuevo modelo de tienda en el que el Bistró ocupa un lugar central. La propia compañía lo describe como un espacio donde la gastronomía se convierte en protagonista y en el que pueden degustarse a lo largo del año cerca de 600 platos diferentes, además de celebrarse catas, showcookings y actividades vinculadas con el producto.
Aquí el supermercado ya no utiliza únicamente la alimentación para abastecer al hogar. También busca que parte de la experiencia ocurra dentro del establecimiento.
Vegalsa-Eroski: cocinar en el supermercado y comer allí mismo
Otro ejemplo especialmente ilustrativo es Vegalsa-Eroski.
Su concepto Cocina in Situ ofrece platos elaborados diariamente en el propio establecimiento. La compañía ha incorporado además zonas de comedor en algunos de sus centros. En marzo de 2025, por ejemplo, un nuevo Autoservicios Familia de Gijón abrió con sección Cocina in Situ y zona de comedor dentro del supermercado.
Vegalsa-Eroski explicaba también que Cocina in Situ estaba presente en 19 establecimientos de Galicia, Asturias y Castilla y León y que siete disponían de espacios de comedor donde el cliente podía consumir allí mismo los platos preparados.
Y la expansión continúa. En septiembre de 2026, la compañía seguía incorporando Cocina in Situ a nuevos establecimientos, con platos preparados diariamente en tienda y menús completos orientados claramente a resolver una comida. De nuevo aparece la misma evolución: el supermercado deja de vender exclusivamente ingredientes y empieza también a vender soluciones completas para comer.
Dialprix: un mercaurante pensado para el consumidor urbano
También las cadenas regionales están explorando este territorio.
Musgrave desarrolló en Alicante un nuevo formato Dialprix orientado especialmente al consumidor urbano, a los trabajadores de oficinas y a las compras de paso.
El establecimiento incorporó comida para llevar, café de autoservicio y una oferta específica de alimentación preparada. El propio medio especializado Food Retail & Service lo definió expresamente como el mercaurante de Dialprix, destacando que el formato buscaba atraer nuevos momentos de consumo además de la compra tradicional.
Este ejemplo resulta interesante porque demuestra que el mercaurante no tiene por qué ser necesariamente un gran hipermercado.
También encaja en establecimientos urbanos de proximidad donde conveniencia, rapidez y consumo inmediato son especialmente importantes.
El Corte Inglés: comprar un producto y consumirlo en el mismo espacio
En el extremo más experiencial encontramos propuestas como Gourmet Experience de El Corte Inglés.
El propio grupo define el concepto como un multiespacio gastronómico que combina degustación y venta de productos gourmet y mantiene actualmente espacios de este tipo en ciudades como Madrid, Alicante, Málaga, Marbella, Sevilla o Las Palmas.
En algunos de sus formatos, la integración entre compra y restauración llega todavía más lejos: el cliente puede adquirir un producto de la tienda y solicitar que se lo sirvan en la barra para consumirlo allí mismo. No es exactamente el mismo modelo que un supermercado convencional con mesas y comida preparada. Pero responde a la misma transformación de fondo: la frontera entre comprar alimentos y consumirlos se vuelve cada vez menos rígida.
¿Por qué el mercaurante cambia las necesidades de hilo musical?
Aquí aparece la cuestión central. Durante décadas, el hilo musical de un supermercado se ha planteado fundamentalmente para acompañar una actividad: hacer la compra. El consumidor entra, recorre los pasillos, selecciona productos, pasa por caja, y sale.
El mercaurante introduce una segunda actividad muy diferente: quedarse. Y por tanto, algo que es clave en el neuromarketing y la experiencia de cliente: permanecer más tiempo en el establecimiento.
Ahora, el cliente compra un plato, busca una mesa, se sienta, come, habla, consulta el móvil, descansa, toma un café… y quizá continúa después con su compra.
Comprar y comer son dos momentos distintos
Pensemos en dos clientes que se encuentran simultáneamente en el mismo establecimiento: uno dispone de diez minutos para comprar algo antes de volver al trabajo y el otro acaba de sentarse para almorzar. El primero está realizando una actividad fundamentalmente funcional. El segundo está viviendo una experiencia mucho más próxima a la restauración. El ritmo de ambos es distinto. También lo son su atención, permanencia y relación con el entorno.
Por eso, cuando supermercado y restaurante empiezan a compartir espacio, la ambientación musical necesita comprender qué está ocurriendo en cada zona y momento.
El hilo musical deja de depender únicamente del tipo de negocio
Una clasificación tradicional podría plantear: “Esta es la música adecuada para un supermercado”.
Pero el mercaurante cuestiona esa simplificación.
Dentro del mismo establecimiento pueden convivir una zona de frescos, panadería, lineales de alimentación, comida preparada, cafetería, área de mesas y cajas. Cada espacio con una función diferente. Por eso resulta más útil preguntarse:
¿Qué está haciendo el cliente aquí?
Una zona de compra rápida tiene unas necesidades ambientales. Una zona de descubrimiento de producto tiene otras.
Y un espacio en el que el cliente permanece veinte o treinta minutos comiendo introduce variables propias de restauración.
Cuando aumenta la permanencia, aumenta la exposición a la música
Existe otra diferencia fundamental. El cliente que realiza una compra de quince minutos escucha aproximadamente quince minutos de programación.
El cliente que compra, se sienta a comer y después continúa recorriendo la tienda permanece considerablemente más tiempo expuesto al mismo canal. Y esto aumenta la importancia de factores que a veces pasan desapercibidos: la repetición de canciones, la variedad musical, la frecuencia de las cuñas, el volumen, la coherencia entre temas y la calidad de las transiciones.
Una playlist pequeña que resulta aceptable durante una visita corta puede convertirse rápidamente en repetitiva para empleados y clientes habituales expuestos durante largos periodos.
Por eso, el mercaurante exige pensar tanto en la programación como en la rotación musical.
Un comedor dentro del supermercado también cambia la gestión del volumen
El paisaje sonoro del mercaurante es complejo. Carros. Conversaciones. Cajas. Cafeteras. Microondas. Platos y cubiertos. Megafonía. Equipos de cocina. Personas entrando y saliendo.
La música comparte espacio con todos los sonidos provocados por esos elementos y, en una zona destinada a comer y conversar, un nivel musical que puede funcionar correctamente en un área comercial puede resultar excesivo. Y a la inversa: una música demasiado baja puede desaparecer completamente ante el ruido ambiental.
El volumen debe, por tanto, adaptarse al espacio y al momento, no establecerse como un único valor invariable para todo el establecimiento.
El mercaurante también obliga a repensar las cuñas publicitarias
La publicidad sonora es otra de las áreas que cambia. En un supermercado tradicional, una promoción se integra dentro de un recorrido relativamente corto.
Pero imaginemos a un cliente que permanece media hora sentado en una zona de restauración. Si escucha continuamente la misma promoción, la presión comercial percibida aumenta.
Por eso, los mercaurantes necesitan controlar con especial atención la frecuencia de las cuñas, el momento en que se emiten, la zona en la que se escuchan, su duración, y el número de repeticiones.
El objetivo no es eliminar la comunicación comercial. Es integrarla dentro de la experiencia sonora sin convertirla en una interrupción constante.
La identidad sonora resulta todavía más importante
El mercaurante introduce un problema adicional: cuando un supermercado comienza a ofrecer comida y espacios de permanencia, empieza a competir con establecimientos cuya experiencia de marca se ha construido tradicionalmente con enorme atención al ambiente. Por tanto, elementos sensoriales como la iluminación, el mobiliario, la decoración y la presentación del producto adquieren entonces más peso.
Y lo mismo ocurre con la música. Una zona de restauración que visualmente pretende comunicar comodidad, modernidad o calidad pierde coherencia cuando su selección musical parece una playlist genérica sin relación con la marca.
Conclusión: si el supermercado cambia su función, también debe cambiar su forma de sonar
La palabra mercaurante podría parecer simplemente una curiosidad lingüística. No lo es. Describe un cambio real en el mercado alimentario.
Mercadona desarrolla Listo para Comer y zonas de consumo. Alcampo incorpora bistrós. Vegalsa-Eroski cocina diariamente en sus supermercados y dispone de establecimientos con comedor. Dialprix explora formatos orientados a la comida inmediata y al consumidor urbano. El Corte Inglés combina venta y degustación en sus espacios gastronómicos.
Distintos modelos, pero una misma dirección: comprar alimentos y consumirlos están dejando de ser experiencias completamente separadas.
Eso transforma el supermercado y sus necesidades sonoras.
El hilo musical ya no debe responder únicamente al recorrido de compra. Debe entender la permanencia, las zonas, los horarios, los momentos de consumo, el ruido ambiental, la repetición, la comunicación comercial y la identidad de marca.
Porque el nuevo reto no consiste simplemente en decidir qué música debe sonar en un supermercado: consiste en decidir cómo debe sonar un espacio que, durante parte del día y para parte de sus clientes, también funciona como restaurante.
En Motiva trabajamos la ambientación musical profesional desde esa perspectiva: programación por horarios, adaptación por zonas, gestión de contenidos y comunicación comercial integrada dentro de una misma estrategia sonora. Es La radio de tu marca.
Preguntas frecuentes sobre mercaurantes e hilo musical
¿Qué es un mercaurante?
Un mercaurante es un supermercado que incorpora servicios propios de la restauración, como platos preparados y zonas con mesas y sillas donde consumirlos. El término surge de la unión de “supermercado” y “restaurante” y describe establecimientos en los que comprar alimentos y comer forman parte de una misma experiencia.
¿Por qué están creciendo los mercaurantes en España?
El crecimiento de los mercaurantes está relacionado con una mayor demanda de conveniencia y de soluciones listas para consumir. Los supermercados están ampliando su oferta de comida preparada y creando espacios de consumo para responder a momentos que antes estaban asociados principalmente a cafeterías, restaurantes o establecimientos de comida rápida.
¿Cómo cambia el hilo musical cuando un supermercado se convierte también en restaurante?
El hilo musical deja de acompañar únicamente una compra relativamente rápida y pasa también a ambientar momentos de mayor permanencia, como desayunar, almorzar, tomar un café o descansar. Esto obliga a prestar más atención a la programación por horarios, las zonas del establecimiento, la rotación musical, el volumen y la frecuencia de las comunicaciones comerciales.
¿Debe sonar la misma música en todo un mercaurante?
No necesariamente. En un mismo establecimiento pueden coexistir zonas de compra rápida, frescos, panadería, comida preparada, cafetería, comedor y cajas, cada una asociada a actividades diferentes. La ambientación musical debe tener en cuenta qué hace el cliente en cada espacio y cuánto tiempo permanece en él.
¿Por qué es importante la programación musical por zonas en un mercaurante?
Porque comprar y comer generan comportamientos distintos. Un cliente que realiza una compra rápida tiene necesidades ambientales diferentes de otro que permanece veinte o treinta minutos sentado comiendo. Adaptar la programación a las distintas zonas permite mantener una experiencia sonora más coherente con cada momento de uso del establecimiento.
¿Cómo influye la permanencia del cliente en la programación musical?
Cuanto mayor es la permanencia, mayor es también la exposición a la música. Esto hace especialmente importantes la variedad del repertorio, la rotación de canciones, la frecuencia de repetición, las transiciones y el número de cuñas publicitarias. Una playlist suficiente para una visita corta puede resultar repetitiva durante estancias más largas.
¿Qué volumen debe tener la música en las zonas de restauración de un supermercado?
No existe un único volumen adecuado para todo el establecimiento. Las zonas de restauración conviven con conversaciones, cafeteras, microondas, cubiertos, carros, megafonía y otros sonidos. El nivel musical debe adaptarse al ruido ambiental y al uso de cada espacio para mantener presencia sin dificultar la conversación.
¿Cómo deben gestionarse las cuñas publicitarias en un mercaurante?
La frecuencia y el momento de emisión requieren especial atención. Un cliente sentado durante treinta minutos puede escuchar varias veces una misma promoción, aumentando la sensación de repetición o presión comercial. Por eso conviene controlar la duración, frecuencia, zona de emisión y número de repeticiones de las cuñas.
¿Por qué es importante la identidad sonora en un mercaurante?
Porque cuando un supermercado incorpora zonas de restauración también compite en experiencia con cafeterías y restaurantes. La música debe ser coherente con elementos como la decoración, la iluminación, el mobiliario y el posicionamiento de la marca. Una programación genérica puede romper esa coherencia.
¿Qué debe tener un servicio profesional de hilo musical para un mercaurante?
Debe permitir adaptar la programación a horarios, zonas y momentos de consumo, gestionar una rotación musical suficiente, ajustar la comunicación comercial y mantener una identidad sonora coherente. El objetivo es que la música responda tanto a la compra como a los nuevos momentos de permanencia que introduce el modelo mercaurante.
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